jueves, 5 de diciembre de 2019

estudio de caso


SITUACIÓN 3: LLEGAR TARDE A CLASE
Un alumno llega a clase sistemáticamente tarde, después del profesor, especialmente a primera hora de la mañana. Un día el profesor llama la atención a este alumno, recordándole que su obligación es llegar a clase con puntualidad. Cuando termina de hablar el profesor, el alumno empieza a gritar diciendo: “estoy harto, la tienes cogida conmigo, sólo me llamas a mí la atención cuando otros también llegan tarde”. Los otros alumnos observan la situación y cuchichean entre ellos.  
¿QUÉ HACER?
 En el momento (a corto plazo)
Varias son las alternativas que se pueden adoptar, aunque sólo se mencionarán las más inmediatas:
 A. Recurrir a las normas del centro. En esta alternativa el profesor puede decir que citará a sus padres y tendrá una reunión con ellos en la que estará presente el director para saber, en primer lugar, si sus padres conocen que todos los días llega tarde a clase y, en segundo lugar, en el caso de que lo sepan, hablar, de las posibles soluciones para que se corrija la situación.
B. No llamarle la atención delante de todos y hacerlo, por ejemplo, durante la tutoría o el recreo. En este caso, el profesor no debe caer en la tentación de usar calificativos que puedan ser interpretados como agresivos. Debe dejar claro que su objetivo es aclarar y buscar una solución a esta conducta para lo cual debe ser claro en su exposición sin utilizar frases largas. Debe saber escuchar para dar lugar a que el alumno exprese libremente sus sentimientos o percepción de la situación, y a partir de ellos, pueda buscarse alguna solución formulada por el propio alumno o bien por el profesor con la aprobación del alumno.
 La situación no es fácil para el profesor. Debe tener un buen control de sus emociones, pero es necesario que el alumno perciba la “voluntad” de ayuda de “su” profesor.
En el primer caso, el alumno, se convierte en el foco de atención de la clase, es la estrella por unos momentos, se siente importante: enfada al profesor, paraliza la actividad y sus compañeros le miran. Por lo tanto, si el profesor opta por esta alternativa es importante que sea breve, y utilice un tono de voz no agresivo e inmediatamente continúe el desarrollo de la clase.
En el segundo caso, el alumno pierde parte del protagonismo y se le involucra en el estudio y solución del problema.
 A más largo plazo
 Tanto se haya utilizado la primera o la segunda alternativa expuestas en el punto anterior, el profesor puede elaborar un programa de convivencia en el que fi guren de forma explícita uno o dos objetivos que él considere importantes o que los alumnos hayan decidido de forma democrática. Por ejemplo, uno de los objetivos puede ser “estar de pie en clase”. Posibles pasos:
 A. El primer paso es definir objetivamente qué es estar de pie: ¿es estar totalmente recto donde sea?, ¿es no estar sentado?, ¿es estar apoyado sobre la mesa, pero en su sitio?… Supongamos que llegamos al acuerdo que se considerará estar de pie cuando el alumno se levante y esté fuera de su mesa.
 B. Comprobar que esa conducta se da. Elegiremos a dos alumnos para que anoten cada vez que alguien se pone de pie y se cambia de sitio
C. Cada día se recoge el registro y a la semana se estudia el contenido y se decide si es importante o no. Si es importante se indagará por qué se da la conducta y qué se puede hacer para que no se dé. Con estos ejercicios se aprende a compartir, se aprende a definir aquello que se quiere y se aprende a buscar soluciones

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