SITUACIÓN
3: LLEGAR TARDE A CLASE
Un alumno llega a clase sistemáticamente tarde, después del profesor,
especialmente a primera hora de la mañana. Un día el profesor llama la atención
a este alumno, recordándole que su obligación es llegar a clase con
puntualidad. Cuando termina de hablar el profesor, el alumno empieza a gritar
diciendo: “estoy harto, la tienes cogida conmigo, sólo me llamas a mí la
atención cuando otros también llegan tarde”. Los otros alumnos observan la
situación y cuchichean entre ellos.
¿QUÉ HACER?
En el momento (a corto plazo)
Varias son las
alternativas que se pueden adoptar, aunque sólo se mencionarán las más
inmediatas:
A. Recurrir a las
normas del centro. En esta alternativa el profesor puede decir que citará a sus
padres y tendrá una reunión con ellos en la que estará presente el director
para saber, en primer lugar, si sus padres conocen que todos los días llega
tarde a clase y, en segundo lugar, en el caso de que lo sepan, hablar, de las
posibles soluciones para que se corrija la situación.
B. No llamarle la atención delante de todos y hacerlo,
por ejemplo, durante la tutoría o el recreo. En este caso, el profesor no debe
caer en la tentación de usar calificativos que puedan ser interpretados como
agresivos. Debe dejar claro que su objetivo es aclarar y buscar una solución a
esta conducta para lo cual debe ser claro en su exposición sin utilizar frases
largas. Debe saber escuchar para dar lugar a que el alumno exprese libremente
sus sentimientos o percepción de la situación, y a partir de ellos, pueda
buscarse alguna solución formulada por el propio alumno o bien por el profesor
con la aprobación del alumno.
La situación no es fácil para el profesor.
Debe tener un buen control de sus emociones, pero es necesario que el alumno
perciba la “voluntad” de ayuda de “su” profesor.
En el primer
caso, el alumno, se convierte en el foco de atención de la clase, es la
estrella por unos momentos, se siente importante: enfada al profesor, paraliza
la actividad y sus compañeros le miran. Por lo tanto, si el profesor opta por
esta alternativa es importante que sea breve, y utilice un tono de voz no agresivo
e inmediatamente continúe el desarrollo de la clase.
En el segundo
caso, el alumno pierde parte del protagonismo y se le involucra en el estudio y
solución del problema.
A más largo plazo
Tanto se haya utilizado la primera o la segunda
alternativa expuestas en el punto anterior, el profesor puede elaborar un
programa de convivencia en el que fi guren de forma explícita uno o dos
objetivos que él considere importantes o que los alumnos hayan decidido de
forma democrática. Por ejemplo, uno de los objetivos puede ser “estar de pie en
clase”. Posibles pasos:
A. El primer paso
es definir objetivamente qué es estar de pie: ¿es estar totalmente recto donde
sea?, ¿es no estar sentado?, ¿es estar apoyado sobre la mesa, pero en su
sitio?… Supongamos que llegamos al acuerdo que se considerará estar de pie
cuando el alumno se levante y esté fuera de su mesa.
B. Comprobar que
esa conducta se da. Elegiremos a dos alumnos para que anoten cada vez que
alguien se pone de pie y se cambia de sitio
C. Cada día se recoge el registro y a la semana se
estudia el contenido y se decide si es importante o no. Si es importante se
indagará por qué se da la conducta y qué se puede hacer para que no se dé. Con
estos ejercicios se aprende a compartir, se aprende a definir aquello que se
quiere y se aprende a buscar soluciones
No hay comentarios.:
Publicar un comentario